Aún está por escribir la historia de los productores de discos
flamencos. Un rol que, si bien, ha sido imprescindible siempre, en
estos últimos tiempos adoptan, en algunos casos, un protagonismo
incuestionable. Una responsabilidad sólo valorada cuando el nombre del
productor suena por motivos ajenos a esta labor. Y aunque para esta
regla siempre hay excepciones (valga Javier Limón como ejemplo), casos
que la refuerzan son Paco de Lucía, Enrique Morente, Paco Ortega,
Vicente Amigo o el caso que nos ocupa, Isidro Muñoz.
Isidro,
además de guitarrista, es hermano de Manolo Snalúcar, y entre sus
recientes experiencias discográficas encontramos el haber hecho un par
de discos con José de la Mercé, en el intento de explotar la veta que
el de la Mercé descubrió con su disco titulado “Del Amanecer”, en
compañía de Vicente Amigo.
Ahora es Arcángel
quien se acerca a esta propuesta, aunque eso sí, de forma mucho más
tímida. “Ropavieja” se llama este disco de larga duración en el que
encontramos muy diversos y valiosos elementos.
Es,
seguramente, lo que más se acerca a un directo del cantaor onubense,
pero hecho en un estudio de grabación. La diferencia fundamental es que
el directo de Arcángel es uno de los mejores espectáculos flamencos al
que podemos asistir en la actualidad, y ésta es una sensación que no
nos puede quedar al escuchar su disco.
Básicamente,
las letras son de Isidro Muñoz, que comparte autoría con Arcángel en
algunas. Por eso, entre otros factores, la importancia del productor es
esencial. Su sello queda patente en algunos cortes del disco, como si
de la marca de la casa se tratase.
Arcángel
es un artista con palabras mayúsculas y además de no decepcionar a
nadie, vuelve a demostrar que en su garganta se aloja un extraordinario
instrumento musical, único e irrepetible. Este queda patente en su
forma de encarar los cantes más difíciles.
Se
pasea y salta desde los altos a los bajos, y viceversa, con una
velocidad y una afinación sorprendente. Todos y cada uno de los tonos,
incluidos los de paso, están perfectamente estudiaos y cuadrados.
Sin renunciar a los estribillos pegadizos, nos da una clase maestra de profundidad musical y de flamencura.
Siendo
Miguel Angel Cortés el acompañante al que Arcángel nos tiene
acostumbrados, es Daniel Méndez quien asume el principal peso
guitarrístico. Parece que la confianza del cantaor empieza a
depositarse en este joven guitarrista.
Uno
de los cantes donde podemos entender la dimensión artística del
onubense es en las alegrias tituladas “A qué sabe la vida”, en las que
hace verdadero alarde de compás, musicalidad, gusto, dominio de la
respiración, velocidad, melismática y voz.
Aunque
en la seguiriya no se desmerece. Ni él, ni Méndez, que aborda el
acompañamiento con inteligencia, jugando con el silencio,
permitiendo que el cantaor realice todo el desarrollo musical, y sólo
reforzándolo en los instantes en que lo oportuno se mezcla con la
estructura.
Otra
de las perlas del disco son las bulerías que Arcángel marca sólo con
acompañamiento de palmas y jaleos. Un precioso recorrido que empieza en
Jerez, se adentra en el puerto de Cádiz y de forma caprichosa coquetea
con Triana. Todo con un buen puñado de aportaciones personales basadas
en el fuelle y en la velocidad. Simplemente, extraordinario.
Curiosamente,
la influencia que sobre Arcángel ejerce el Maestro granadino Enrique
Morente, no se deja ver fácilmente. Apenas aparece en pequeños remates
y en el concepto creativo de las formas cantaoras.
Por
Huelva también se mete. Si no lo hiciera, también sería Arcángel, pero
lo echaríamos de menos. ¡Qué bien suena por aquí, y qué personal!.
La
temperatura sube por Levante con la guitarra de Miguel Angel Cortés. El
temperamento y la contundencia de este guitarrista aporta solvencia la
cante y Arcángel liga los tercios, rebusca. Breve, pero anuncia lo que
este cantaor podría alcanzar en esta estética.
Los
cantes más modernos, son eso, modernos. Y por ello, requieren un mayor
número de audiciones para poder entenderlos y apreciarlos. Remata con
un bolero para los amantes del género. Un bolero bonito y emotivo, en
el que demuestra su polivalencia y su gusto por otras músicas.
Es
muy probable que los seguidores de este gran artista hubieran preferido
un trabajo más tradicional, menos comercial. Quizás, algo que se
acercara más a sus magníficos directos, pero seguramente este es el
disco que Arcángel tenía que hacer ahora. Una especie de antesala a una
definitiva evolución personal en la que anda metido durante los últimos
3 años, y un giro razonable en el gusto de los aficionados donde se
acabará entendiendo la importancia del arte en el flamenco.
Está claro, estamos a cinco minutos de la era de Arcángel.